De escandaloso hay que calificar el último episodio del infame Renzo. Cuando se disponía a emplear una sustancial parte del erario público para subvencionarse un viajecillo a los reductos tunecinos, descubre que su pasaporte (por supuesto, falso) estaba caducado. Cualquier persona decente habría desistido del viaje, habría lamentado el error y se habría quedado en casa cuidando de reina e infanta. Pero no: el tal Renzo, por alias Past Rana, se busca un arreglillo entre las altas amistades del maderamen vigués y consigue en el tiempo record de cinco minutos un flamante (y, por supuesto, falso) pasaporte con que visitar la Tunicia. Allí se halla el taimado rufián, muy cerca de la Sicilia que lo vio nacer. Desde aquí se lo advierto: así acabó Bettino Craxi.
COLODRONI
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